Los tiempos en que el médico decía “tienes el azúcar un poco alta” o “en el límite” ya quedaron atrás, ya que esta actitud relajada de creer que por tener el azúcar ligeramente alta o en el borde todavía nos salva de ser diabéticos ha traído muchas consecuencias graves, ya que en la mayoría de los casos la diabetes es diagnosticada hasta que provoca serias complicaciones. Para prevenir que más gente sea diagnosticada cuando ya tiene daños, la Asociación Americana de Diabetes (ADA) ha disminuido los puntos de corte de diagnostico de diabetes y establecido niveles para una pre-diabetes y poder actuar a tiempo.
La pre-diabetes es un término relativamente nuevo que se usa para describir los niveles de azúcar en sangre que se encuentran elevados pero no tanto como para diagnosticar diabetes; los niveles de azúcar en sangre que diagnostican una pre-diabetes son entre 110 y 126 mg/dl en ayunas y entre 140 y 199 mg/dl 2 hrs después de comer, mientras que arriba de 127 g/dl en ayunas y arriba de 200 mg/dl 2 hrs después de comer, ya se diagnostica la diabetes tipo 2.
Lo grave del asunto es que cualquiera de nosotros podría ser pre-diabético y desconocerlo, ya que rara es la vez en que se manifiestan los síntomas. De acuerdo a la ADA, toda persona con diabetes tipo 2 tuvo que haber pasado por la etapa de pre-diabetes y se estima que pueden transcurrir hasta 10 años desde que una persona es diagnosticada con pre-diabetes hasta que se manifiesta la enfermedad como tal. De esta manera, sí se empieza a actuar a tiempo, realizando cambios en el estilo de vida (dieta y ejercicio) se puede prevenir la diabetes y muchas de las complicaciones que esta causa como ceguera, insuficiencia renal, pie diabético, hipertensión arterial, entre otras y mayor aún, disminuir los enormes riesgos que existen de presentar infartos al corazón, embolias y fallas cardiacas.
¿Cuáles son los riesgos de poder desarrollar una pre-diabetes?
*Edad de 45 años o mayor
*Sobrepeso (Índice de Masa Corporal > 25)
*Antecedentes familiares: Padres o hermanos con diabetes tipo 2
*Estilo de vida sedentario
*Presentar hipertensión arterial (TA >140/90 mmHg)
*Antecedentes de diabetes gestacional o haber tenido un bebé con un peso > 4 Kg.
*Colesterol HDL <35 mg/dl y/o triglicéridos > 250 mg/dl
*Síndrome de ovario poliquístico en el caso de las mujeres
*Antecedentes de enfermedades vasculares
Aunque la mayoría de la gente no presenta síntomas, algunas personas podrían presentar una sensación de sed muy intensa, ganas frecuentes de orinar, visión borrosa o mucha fatiga y cansancio sin causa relacionada.
Lo más recomendable es que a partir de los 45 años y sí existe un sobrepeso, hacerse un chequeo de diagnóstico de diabetes –o pre-diabetes– al menos cada 3 años, aunque si existen más riesgos de los mencionados es necesario hacérselo cada año; si se tiene menos de 45 años pero con sobrepeso y alguno de los riesgos mencionados también es necesario hacerse un chequeo.
Al final de cuentas, la prevención es mucho más barata y agradable que el tratamiento. El ya estar en tratamiento significa que ya se tiene la enfermedad y uno tiene que aprender a vivir con esta y atenerse a las complicaciones, mientras que la prevención nos lleva por el camino de vivir mejor y más años, pudiendo disfrutar la vida sin estar atados a una medicina ni con restricciones por la enfermedad. Aunque la prevención no siempre resulta tan fácil ya que como siempre digo en mis artículos, la receta mágica está en bajar de peso por medio de una dieta completa y balanceada y haciendo más actividad física.
Muchos estudios han demostrado que la pérdida de peso y el llevar un estilo de vida más activo ayudan a que una persona pre-diabética normalice sus niveles de glucosa en sangre y pueda prevenir que se le desarrolle diabetes. La clave del asunto está en detectarlo a tiempo y poder actuar al momento.
agosto 27, 2006
agosto 20, 2006
¡ENTRANDO EN CINTURA!
Quizás ya han escuchado varios promocionales de salud donde advierten sobre el riesgo de tener un exceso de grasa en lo que comúnmente llamamos “pancita” y las molestas “llantitas”, en término científico conocido como la grasa abdominal o visceral.
El tener un exceso de grasa acumulada en esta área –sumando un sobrepeso- aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades que desgraciadamente en la actualidad están de moda, como enfermedades del corazón, resistencia a la insulina, diabetes, hipertensión arterial, dislipidemias (colesterol y triglicéridos elevados), algunos tipos de cáncer, artritis, entre otras.
La razón por la que ésta acumulación de grasa puede traernos más riesgos es precisamente debido a que en esta zona se localizan nuestros órganos vitales como el corazón, los pulmones, el páncreas, el hígado, los intestinos y tan sólo de imaginar que tanta grasa podría estar rodeándolos pues es obvio que algún daño ha de estar causando. Además, la grasa que se acumula en estas partes no es el mismo tipo de grasa que tenemos en los brazos, piernas o llantitas, es precisamente la grasa conocida como visceral que rodea los órganos y queda bien adentro del cuerpo, volviéndola casi imposible de accesar y lo que la hace más diferente es que es mucho más activa que la grasa subcutánea, provocando que una vez que ya hay un exceso de grasa acelere el metabolismo para acumular más cantidad.
A lo largo de varios estudios se ha demostrado que una circunferencia abdominal mayor a 102 cm en hombres y a 88 cm en mujeres -que presentan sobrepeso u obesidad (Índice de masa corporal mayor a 25 kg/m2)- es un foco rojo que debería alertarnos sobre un mayor riesgo de desarrollar alguna enfermedad de las antes mencionadas. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se realizó en personas estadounidenses y europeas, teniendo una corrección en la población mexicana de un máximo de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres. La forma más fácil de evaluar esta medida es con una cinta métrica midiendo por arriba de los huesos de la cresta iliaca y cruzando por el omligo.
A pesar de que nuestros genes juegan un papel importante en esta condición y esto no lo podemos cambiar, nuestra alimentación y actividad física sí es algo en lo que podemos trabajar, y mientras antes mejor! Las personas que tienden a llevar una dieta más alta en colesterol y grasa saturada, acumulan más grasa visceral que una persona que consume más grasas insaturadas (aceites vegetales, aguacate, oleaginosas); además el hacer ejercicio de forma rutinario ayuda a prevenir la acumulación de grasa visceral. Al momento que empezamos una dieta baja en calorías y empezamos a bajar de peso, mucha de la grasa que se pierde es visceral lo cual beneficia nuestra salud.
Se ha comprobado que con el simple hecho de bajar del 10 a 15% del peso total con una dieta adecuada y ejercicio, disminuye significativamente el riesgos de desarrollar alguna enfermedad, incluso disminuyendo los niveles de presión arterial, de lípidos y azúcar.
La importancia de empezar a actuar a tiempo es que con la edad nuestro metabolismo se hace más lento y con los años tendemos a acumular más grasa si nuestro estilo de vida no es muy activo. Quizás cuando se tiene 30 o 40 años nos parece gracioso que un hombre tenga la típica “pancita de chelero”, pero cuando años más tarde la da un infarto y le dicen que es por toda la grasa que viene cargando en el abdomen por muchos años, la situación se convierte algo aterradora. Lo mismo sucede con las mujeres que a lo largo de su vida reproductiva es común que tengan la grasa acumulada en las piernas y cadera, pero al llegar a la menopausia la grasa se redistribuye y empieza a acomodarse en zonas donde antes no había, principalmente en el abdomen.
Debido a que la grasa en el abdomen no es cosa de chiste tenemos que hacer algo de inmediato, ya sea a los 70 años para disminuir cualquier riesgo o a los 10 para prevenirlo. Y la receta no es nueva, todo consiste en llevar una dieta saludable, consumiendo de todos los alimentos en moderación, evitando las grasas y azúcares y haciendo ejercicio de forma rutinaria, mínimo 30 min diarios. Así que a ponerse las pilas e ir viendo como desaparece nuestra cintura, o mas bien como vuelve a aparecer!
El tener un exceso de grasa acumulada en esta área –sumando un sobrepeso- aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades que desgraciadamente en la actualidad están de moda, como enfermedades del corazón, resistencia a la insulina, diabetes, hipertensión arterial, dislipidemias (colesterol y triglicéridos elevados), algunos tipos de cáncer, artritis, entre otras.
La razón por la que ésta acumulación de grasa puede traernos más riesgos es precisamente debido a que en esta zona se localizan nuestros órganos vitales como el corazón, los pulmones, el páncreas, el hígado, los intestinos y tan sólo de imaginar que tanta grasa podría estar rodeándolos pues es obvio que algún daño ha de estar causando. Además, la grasa que se acumula en estas partes no es el mismo tipo de grasa que tenemos en los brazos, piernas o llantitas, es precisamente la grasa conocida como visceral que rodea los órganos y queda bien adentro del cuerpo, volviéndola casi imposible de accesar y lo que la hace más diferente es que es mucho más activa que la grasa subcutánea, provocando que una vez que ya hay un exceso de grasa acelere el metabolismo para acumular más cantidad.
A lo largo de varios estudios se ha demostrado que una circunferencia abdominal mayor a 102 cm en hombres y a 88 cm en mujeres -que presentan sobrepeso u obesidad (Índice de masa corporal mayor a 25 kg/m2)- es un foco rojo que debería alertarnos sobre un mayor riesgo de desarrollar alguna enfermedad de las antes mencionadas. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se realizó en personas estadounidenses y europeas, teniendo una corrección en la población mexicana de un máximo de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres. La forma más fácil de evaluar esta medida es con una cinta métrica midiendo por arriba de los huesos de la cresta iliaca y cruzando por el omligo.
A pesar de que nuestros genes juegan un papel importante en esta condición y esto no lo podemos cambiar, nuestra alimentación y actividad física sí es algo en lo que podemos trabajar, y mientras antes mejor! Las personas que tienden a llevar una dieta más alta en colesterol y grasa saturada, acumulan más grasa visceral que una persona que consume más grasas insaturadas (aceites vegetales, aguacate, oleaginosas); además el hacer ejercicio de forma rutinario ayuda a prevenir la acumulación de grasa visceral. Al momento que empezamos una dieta baja en calorías y empezamos a bajar de peso, mucha de la grasa que se pierde es visceral lo cual beneficia nuestra salud.
Se ha comprobado que con el simple hecho de bajar del 10 a 15% del peso total con una dieta adecuada y ejercicio, disminuye significativamente el riesgos de desarrollar alguna enfermedad, incluso disminuyendo los niveles de presión arterial, de lípidos y azúcar.
La importancia de empezar a actuar a tiempo es que con la edad nuestro metabolismo se hace más lento y con los años tendemos a acumular más grasa si nuestro estilo de vida no es muy activo. Quizás cuando se tiene 30 o 40 años nos parece gracioso que un hombre tenga la típica “pancita de chelero”, pero cuando años más tarde la da un infarto y le dicen que es por toda la grasa que viene cargando en el abdomen por muchos años, la situación se convierte algo aterradora. Lo mismo sucede con las mujeres que a lo largo de su vida reproductiva es común que tengan la grasa acumulada en las piernas y cadera, pero al llegar a la menopausia la grasa se redistribuye y empieza a acomodarse en zonas donde antes no había, principalmente en el abdomen.
Debido a que la grasa en el abdomen no es cosa de chiste tenemos que hacer algo de inmediato, ya sea a los 70 años para disminuir cualquier riesgo o a los 10 para prevenirlo. Y la receta no es nueva, todo consiste en llevar una dieta saludable, consumiendo de todos los alimentos en moderación, evitando las grasas y azúcares y haciendo ejercicio de forma rutinaria, mínimo 30 min diarios. Así que a ponerse las pilas e ir viendo como desaparece nuestra cintura, o mas bien como vuelve a aparecer!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
